Periodismo indigente
-Nunca vayas a una orgía con diarrea.
La voz de Alberto suena tranquila. Pasados los nervios iniciales ha tomado confianza y responde a mis preguntas con la seguridad y el aplomo que da tener más pasado que futuro.
-Me casé con Julia para meterla en caliente con regularidad y no alimentarme a base de sopas de sobre.
Cada arruga de su rostro representa una decepción, como un lienzo inacabado donde el último brochazo, el más terrible, está a punto de realizarse.
-No he sido más que un pardillo que toda la vida ha fantaseado con ser un hijo de la gran puta.
Sus palabras son pronunciadas con cierto desdén, como si el dolor hubiera creado una coraza que lo protegiera del resto de los mortales. Sin permitirse amar por temor al rechazo, sabedor de que no sería capaz de encajar otro golpe sin besar la lona. Una lona de la que ya no se podrá levantar.
-Ya no sé qué más decirte. De todas formas, gracias por el cartón de vino.
Alberto calla, ya no sostiene la mirada. Se siente vacío. Ha abierto su alma y la negrura que ha vislumbrado en su interior le ha desconcertado. Levanta la vista y me mira abriendo mucho los ojos. Una mirada de animal asustado y por lo tanto muy peligroso. Vivir en la calle le ha vuelto arisco y desconfiado, esas son las reglas para sobrevivir en territorio hostil.
-Mucho apuntas tú en la libretita esa para cosa buena. Déjame un poco tranquilo que quiero beberme el vino y pensar en mis cosas.
Ha dejado hace tiempo de verme como un periodista, ahora sólo me ve como un espejo donde ve reflejado el fracaso en el que se ha convertido su vida. Busca culpables y no encuentra más que uno. Sabe que está pagando sus propios errores, es duro compartir piel con tu peor enemigo. No debe de ser fácil verse convertido en la escoria de la sociedad, en el detritus infecto de una gran ciudad.
-Me estás tocando ya los cojones con las preguntas y con la libretita. Circula no te vayas a llevar un disgusto.
Me levanto y me alejo para no molestarle más. No estamos capacitados para juzgar a Alberto, nadie más que él conoce el infierno en el que se ha convertido sus existencia. Donde algunos ven un monstruo yo veo un hombre que sufre. Un hombre equivocado que huele a mierda, pero un hombre al fin y al cabo. Para dar a conocer historias como la de Alberto estudié periodismo, para dar voz a los que no la tienen y para contar sin adornos ni literatura barata lo que pasa en la calle. Sé que me costará dormir en los próximos días y que esto que hago es peligroso, pero también sé que en los momentos más duros pensaré en que las personas como él merecen que alguien se la juegue por ellos. Con dos cojones.

Como te pasas con el pobre jukebox 😉
carabalde, los homenajes hay que hacerlos en vida.
¡Tremendo! ¡Al narrador deberían darle un programa en la tele!
pues yo me acordé de The Wire….
Ander, el narrador a día de hoy ya debe de ser el presidente de alguna cadena.
loveof74, seguramente no existiría esta entrada si no hubiera visto la 5ª de The Wire. También influyen algunas entrevistas en semanales y algunas telerrealidades en la TDT.
No me doy por aludido, carabalde. Se ve a la legua que esta entrevista la ha hecho un ‘periodista de raza’ (canina) y ya he dicho mil veces que yo sólo me metí en este negocio para leer a diario los periódicos gratis en el trabajo, delante de mi jefe y sin que me pueda decir nada.
El jukebox, y si te duermes con el periódico delante siempre puedes decir que estás pensando en el problema de ajedrez.
Exactamente.