El derecho de un vasco a decidir su futuro

La mañana del 11 de marzo del año 2004, tras enterararme por la radio de los atentados en Madrid, salí a la calle a tomar el aire. Tras un pequeño paseo entré a un bar. En la barra un hombre al que conocía porque trabajaba de cara al público en el ayuntamiento, le dijo a la camarera a un volumen suficiente para que le escuchara todo el bar algo así como “Hombre, si el gobierno no quiere negociar es normal que pasen estas cosas”. En la tele del local las imágenes de los trenes destrozados no parecían acabarse nunca. En aquellos momentos todavía pensábamos que había sido ETA.

Mi cara de asco cada vez que me cruzo con el sujeto del bar no va a dejar de aparecer en función de si ETA decide cesar su actividad, disolverse o suicidarse masivamente. Tampoco voy a empezar a saludar ahora al vecino de mis padres que se ha pasado 20 años vociferando Gora ETA militarra en todas las manifestaciones y concentraciones en las que tomaba parte.
Se me podrá acusar de reducir un problema político muy complejo a una cuestión puramente moral, de buenos y malos. Puede que sea verdad, pero tampoco acabo de entender por qué buena parte de la sociedad repudia al que dice de una violada que iba provocando, pero no al que justifica coches bomba que matan y mutilan. Ya sé que estas actitudes no surgen espontáneamente, que existe un caldo de cultivo que las ha ido favoreciendo, pero cuando ese caldo lleva cocinándose más de 40 años su lugar natural debería ser el retrete. No soy tan corto de miras como para pensar que la mitad de mi pueblo brindaba con champán tras un atentado, pero que nadie me pida ningún esfuerzo para entender a ciertos seres despreciables. Algunas opiniones y comportamientos no serán delictivos, pero son suficientes para que no quiera que las personas que los llevan a cabo formen parte de mi vida, ni siquiera a modo de saludo en la escalera.

Ahora algunos tienen mucha prisa. Hablan de reparación, de cerrar las heridas, de reconciliación y conviviencia. Lo sospechoso es que muchos de los que lo piden son los mismos que comparan un accidente de tráfico volviendo de Soto del Real con un tiro en la nuca. La exigencia de equidistancia -esa cosa que aparece en los libros de geometría y que en la vida real es imposible alcanzar- empieza a cansar. Cuando defiendo que es repugnante matar a Bin Laden o a Gadafi como a perros nadie me pide explicaciones, no dan por hecho que aplaudiera cuando cayeron las Torres Gemelas ni que apoyara las barbaridades cometidas por el dictador libio. Por estos lares, sin embargo, a la mínima alusión a las víctimas de ETA siempre hay alguno que te hace aclarar que también condenas al GAL, las torturas y el cierre de Egunkaria. No me cuesta nada condenarlo, pero me repatea que los que me lo exigen sean los mismos que son incapaces de conjugar el dichoso verbo al referirse a ETA.

Que nos dejen disfrutar del momento que llevamos tantos años esperando. Que nos dejen saborearlo a los que lo hemos deseado de verdad, no únicamente con fines electorales. Y si al final, como dicen los expertos en resolución de conflictos, el denominador común en estos procesos es la impunidad, que me dejen tranquilamente convertirme en un rencoroso y en un amargado. Por favor.

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19 Respuestas

  1. Ander dice:

    Firmo al pie.

  2. Estanislao Lem dice:

    Ole, ole y ole.

    Yo firmo y retuiteo.

  3. GoDuroGoBlando dice:

    Así de claro.

  4. Choupiza dice:

    Me quito el sombrero. Lo has clavado.

  5. alfanje dice:

    De acuerdo en todo menos en una cosa: Para mí este no es aún el momento de alegrarse. Y creo que cuanto más nos alegremos más lejos queda.

  6. El jukebox dice:

    Lo que yo decía: hay que aprender a odiarse como personas civilizadas.

  7. escéptico dice:

    Gracias, majos.

    alfanje, yo entiendo que estamos en un punto de no retorno, y por eso me alegro. Básicamente porque los primeros perjudicados si ETA vuelve a atentar son sus “simpatizantes”.

  8. escéptico dice:

    El jukebox, el tiempo irá diciendo. Yo para odiar creo que no valgo mucho, pero todo es ponerse.

  9. Julen dice:

    ¡Marchando otra firma más!!!!

  10. El jukebox dice:

    No, si yo tampoco, pero porque soy un inconstante.

  11. June dice:

    Para mí sí que es una cuestión moral. Pero no entiendo por qué se piensa que hablar de moral supone “reducir” el asunto a una cuestión moral. La gente se empeña en decir que esto del conflicto es muy complicado. Para mí no es complicado, porque la única forma desde la que se me ocurre abordarlo es desde el punto de vista moral, y no desde el político. No se trata de buenos y de malos tampoco, pero sí de lo que está bien y lo que está mal. Es algo muy sencillo: ser capaz de decir abierta y serenamente que está mal matar en nombre de unas ideas políticas a quien piensa diferente o a quien conviene matar vete tú a saber por qué, sin añadir nada más. No sé si me explico. Me cuesta este tema pero me has animado a intentar escribir un post.

  12. escéptico dice:

    El jukebox, para odiar hay que utilizar mucha energía. Por eso de la vagancia a la indolencia no hay más que un pasito.

    June, el problema es que lo moral es tremendamente subjetivo. Ni siquiera en un caso aparentemente tan claro como el asesinato nos ponemos de acuerdo. Por tocar un tema de actualidad, algunos que están en contra de la pena de muerte se han alegrado de que lincharan a Gadafi. Y en esos lodos nos movemos más o menos todos. Hay que tener en cuenta los contextos y los caldos de cultivo que nombro en el texto. Pero como también digo, tras 40 años no me parece válido ampararse en victimismos para justificar lo injustificable.
    Y ánimo, que seguro que el post te sale fenomenal.

  13. El hombre ígneo dice:

    Estos días no paro de pensar en lo sospechoso que es que los únicos que han descorchado champán son los políticos, eso iría en la dirección del Sr. Alfanje, le daría la razón,
    pero sigo pensando que no hay vuelta a tras y eso no puede ser malo.
    En sí es buena noticia y soy de los que quiero ver el lado positivo, pero me cuesta estar a la altura ética de un escéptico tan poco confunso, no siempre se puede estar a la altura moral que las circunstancias requieren, yo me siento culpable en ciertas circunstancias y eso, en estos momentos de análisis, no se lleva bien. Supongo que se parece a la crisis que pasamos, soy de esos que compré el audi a crédito y por eso no quebró lemanbrothers pero sí se es responsable de su cachito de crisis…Divago
    El único punto en el que pondría un pero es que no veo la impunidad, 800 presos no creo que sea impunidad el denominador común. Otra cosa es si se ha hecho “justicia” y de momento no veo esa impunidad, que yo sepa ninguno de estos ha muerto en su cama ni ha pasado a ser “padre de la patria”.

  14. escéptico dice:

    El hombre ígneo, te entiendo muy bien.
    En la primera versión de este texto (cuando todavía estaba en mi cabeza) pensaba incidir en que otro de los peligros de hablar de buenos y malos es que parece que estás dando lecciones de ética, porque además siempre acabamos -¡oh casualidad!- colocándonos en el bando de los buenos. Nada más lejos de mi intención, aquí todos guardamos cadáveres en el armario, la mayoría más por omisión que por acción: mirar para otro lado, no mirar, mirar tarde, etc. Esto no es más que mi visión personal y mi postura a día de hoy. El hecho de que te sientas culpable en ciertas circunstancias denota autocrítica, y ya sólo por eso tu alma merece estar salvada.
    En lo de la impunidad no me refiero a día de hoy, sino a los pasos que tendrán que dar para que la bestia siga dormida. Y este balance sí que hay que hacerlo a años vista. Evidentemente ETA no hace este comunicado y se queda esperando a que la sociedad se vaya olvidando poco a poco de ella. Algo esperará a cambio.

  15. Borja dice:

    muy bueno, mucho.

  16. escéptico dice:

    Gracias, Borja.

  17. lis dice:

    No podría haber expresado mejor lo que pienso y siento. Siempre he sido muy fan de este blog, pero ahora ya…, creo que lo has clavado.

  18. escéptico dice:

    Muchas gracias, lis.

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