Opiniones

Tres. Dos. Uno. Ya.

Entramos, vamos entrando, vamos traspasando capas.

Lo primero que encontrarás serán las opiniones sin demasiado peso, un día pensaste sobre el tema y ahí aguantan. Por la misma zona andarán opiniones que han llegado allí y no se sabe cómo, quizás porque las has escuchado desde pequeño en casa o simplemente porque fue lo primero que oíste sobre el tema. Pasa de largo. Haz lo mismo con las opiniones que te has limitado a copiar de gente a la que admiras y que no te has parado a comprobar. No nos interesan, vamos a por algo más gordo. Te cruzarás con las opiniones basadas en tus experiencias, estas son peligrosas pero no son las que buscamos, cuidado con ellas porque son muy falsas y pueden engañarte, se basan en algo tan poco fiable como la memoria. Durante todo el camino revolotearán aves de todo tipo, desde carroñeras hasta bellos ruiseñores. Son los sentimientos que se entremezclan con las opiniones, a veces se posan en ellas y las embellecen, otras veces picotean sin más, y en ocasiones las atacan y se adueñan de ellas, despojándolas de toda objetividad. Al final del sendero te toparás con las opiniones sobre las que has meditado profundamente. Te has informado, has contrastado los diferentes puntos de vista y basándote en eso has formado una opinión. Son de las peores, porque has invertido tanto tiempo en pulirlas que nunca admitirás que estás equivocado. Andarás tan cerca de tu objetivo principal -de hecho creerás vislumbrarlo- que no deberás distraerte con estas últimas opiniones.

Atravesarás un río repleto de pirañas, saltarás una alambrada y sortearás un campo de minas. Allí encontrarás un laberinto. Utilizarás toda tu concentración para salir de él sin volverte loco, no será nada fácil. En la salida del laberinto encontrarás un cofre, aquí estarán las opiniones más peligrosas, las que se basan en tu identidad. Son de muchos tipos, pero las más comunes se relacionan con tu sexo, tu raza y tu nacionalidad. Son inmunes al pensamiento crítico porque cuestionarlas supondría dejar de ser tú mismo en cierto modo. El cofre puede ser enorme o muy pequeño. El tamaño es lo de menos, deberás actuar exactamente igual: colocarás la dinamita, prenderás la mecha y echarás a correr. Correrás todo lo deprisa que puedas sin echar la vista atrás, pero te asegurarás de que la explosión se produce. Harás todo el camino de vuelta lo más rápido que te sea posible.

Salimos, vamos saliendo, vamos traspasando capas.

Uno. Dos. Tres. Ya.

Y así todos los días.

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16 Respuestas

  1. alfanje dice:

    He volado el cofre, y aquí ando todo palote con los vídeos de Justin Bieber. Y no te odio por ello, te deseo. Feliz Navidad.

  2. escéptico dice:

    alfanje, algo has hecho mal porque dentro del cofre tenían que estar los vídeos de Justin Bieber.
    Yo también te deseo. Feliz Navidad.

  3. Ander dice:

    Bien, bien, salgamos todos del cofre. Ya intuíamos que bajo tu apariencia impecablemente aria y heterosexual se escondía un moro maricón. Estimulado por tu ejemplo y por la facilidad que da internet para los cambios vitales impulsivos, me acabo de comprar unos látigos, una camiseta del Athletic y un calendario 2012 con 365 poemas de Paulo Coelho.

  4. Ander dice:

    Ahora en broma: con el paso de los años y las benditas malas compañías, el cofre se va agrietando que da gusto.

  5. escéptico dice:

    Ander, me ha hecho mucha ilusión que por fin alguien me llame moro maricón en mi blog. Mi réplica debería empezar con un sentido “Tengo muchos amigos norsaharianos y homosexuales…”.

  6. June dice:

    Qué angustia de texto. Me ha recordado a “Sueño con serpientes”, una canción de Silvio Rodríguez con la que tenía pesadillas de pequeña: la mato y aparece una mayor. Igual porque me suena todo eso y estoy un poco cansada después de estos días de locura bloguera.

    Se te ha olvidado otro tipo de opiniones, las psicoanalíticas, las que dicen conocerte mejor de lo que te conoces tú mismo. Del tipo: “A ti lo que te pasa es que eres un moro homosexual y ni tú lo sabes”

  7. escéptico dice:

    June, si no te ha gustado mucho tampoco pasa nada 🙂 Me ha recordado a un compañero de clase que escribía cuentos, un día me dejó uno y me dijo que lo leyera de noche, con poca luz y fumándome un peta. En cuanto dijo eso supe que el cuento sería una mierda.

  8. E dice:

    Hace cuatro años escribí una entrada diciendo más o menos lo mismo; la he releído y ahora me parece mala, pero mala de narices, por la forma, pero en el fondo decía más o menos lo mismo que la tuya. A sexo, raza y nacionalidad añádele el tiempo histórico que nos haya tocado a cada uno: la década, el siglo, etc, etc…

    Buen recordatorio, voy a comprar más dinamita.

  9. escéptico dice:

    E, yo todavía sigo haciendo acopio de dinamita, porque no sé si me voy a encontrar un cofre o un tren de mercancías.

    Enlaza tu entrada para saber si tengo que ir ahorrando para la demanda por plagio.

  10. dancin kid dice:

    Perdona bonita, pero se te ha colado aquí un borrador del guión de Origen (Inception).

  11. escéptico dice:

    dancin kid, el guión de Origen es mucho más corto que este texto. De hecho contiene una sola línea: “Tenemos 200 millones de dólares de presupuesto y un público gilipollas. Ponle una pistola en la mano a Di Caprio y mueve mucho la cámara.”

  12. Vale. Trato de seguir las instrucciones. Pero de escéptica tan prolongada, ya ni siquiera distingo entre dentro y fuera, así que me pierdo nada más empezar. Por si acaso, decido detonar el explosivo aquí mismo, donde estoy, donde sea que sea esto. Opino que no me gustan los ruidos fuertes. La i griega, un fémur y dos húmeros rompiéndose en añicos por el aire; la o, una voluta de humo barrida por el frío. Los pequeños fragmentos de mundo que aún sobrevivían, migas. Sin embargo, un pedazo de algo sobrevive con su forma de eslizón. Y el paladar que palpita bajo los párpados detecta un sabor, o pare una nueva opinión. Opino que siguen sin gustarme los ruidos fuertes. La próxima vez, con un vaso de agua y una cucharilla podría bastar. Uno. Dos. ¡Tres!

  13. escéptico dice:

    vagamontañas, los autodidactas tenéis mucho peligro. Una vez un amigo compró una mesa en Ikea, al llegar a casa tiró las instrucciones de montaje y se hizo un paragüero bien chulo. No vale para meter paragüas, pero todo el que entra en su casa se fija en él, un éxito.

  14. Lis dice:

    No sé cómo hace para expresar tan bien lo que yo suelo pensar…me encanta. Y, a menudo, me reconcilia con el mundo….que es mucho decir.

  15. escéptico dice:

    Lis, es muchísimo decir, muchas gracias.

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