Verdades verdaderas

Nos pasamos la vida discutiendo sobre estupideces, a quién le tocaba fregar, qué peli vemos hoy, por qué no te apuntas a la cena. Las discusiones importantes las vamos postergando, y el tiempo va convirtiendo lo que podía ser una conversación dura pero constructiva en huidas hacia adelante sin posibilidad de retorno.

Tendemos a perdonar a la gente a la que apreciamos sin darles la oportunidad de aprender de sus errores, porque ni siquiera somos capaces de hacérselo saber. Y luego encima solemos ponerlos a parir a sus espaldas, cobardemente, engordando su lista de defectos a nuestro antojo, sin posibilidad de defensa.

¿Debo entonces decirle a mi amigo que es un egoísta, o a mi primo que cuando bebe se convierte en un gilipollas, o a mi madre que me molesta que llame por teléfono todos los días?

Antes de plantear ese tipo de preguntas necesitas un tiempo de reflexión. Más que nada porque el segundo fascículo del curso CCC «Coaching for losers» todavía no ha llegado a mi kiosko.

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